lunes, 9 de diciembre de 2013

Torok el troll (o Harry Potter y el misterio de la gorra del Betis)



"Torok el troll", esa pequeña ida de olla escondida entre el batiburrillo ochentero de películas de monigotes pintorescos. En el círculo vicioso de plagios y homenajes ya no sabe uno si fue antes el huevo, la gallina o el troll, pero el caso es que esta película existe con sus marionetas, sus bailes absurdos y su gorra del Betis, y es imprescindible que aparezca en la sección de "Películas destripadas".

La historia es un poco mierdera, no nos engañemos. Un malvado troll aparece en un bloque de pisos y se dedica a convertir a todos los inquilinos en... bosques llenos de minitrolls (olé). Pero un jovenzuelo luchará para desbaratar sus planes con la ayuda de una bruja buena, que oh casualidades de la vida, vive en el piso de arriba. La cosa promete.


La película empieza con la familia Potter, que acaba de mudarse y está metiendo los trastos en casa. Tenemos al hijo, a la hija, a la madre... ¿qué nos falta? Pues un padre, evidentemente. Pero no un padre normal, no señor. El padre es un bético de los pies a la cabeza, y da fe de ello con un sombrerito del Betis que aparece en pantalla prácticamente el mismo tiempo de metraje que el troll que da título a la película. Para rizar el rizo, el nombre del individuo es Harry, así que las sospechas se confirman: Harry Potter es del Betis.

Esta es una de esas cosas por las que merece la pena frotarse los ojos para comprobar si es real.

Tras el impacto que supone la gorrilla er beti que me lleva el artista, pasamos a ver como el troll, un cruel palangana, secuestra a la hija de los Potter y adopta su forma. Ya tiene la tapadera perfecta, es la hija de un bético americano. Tras la transformación, sube a casa y se pone como una cerda comiendo hamburguesas del "Rata burguer". Se supone que el nombre del establecimiento hamburguesísitico es una gracieta del cachondo del padre, pero como no sabemos el nombre de verdad, con ratamburguesa se va a quedar la comida de la niña.


Y ahora es cuando llega una escena que no podría ser más surrealista ni aunque Lars Von Trier la hubiera rodado: la presentación de los frikivecinos que morirán uno a uno. La niña se vuelve loca de lo rica que está la ratamburguesa y echa a correr por todo el edificio. La alarma contra incendios se activa y empieza a dar la murga. El hermano y la madre tratan de capturar a la niña. Y el padre... bueno, el padre sale con su gorra al rellano de la escalera a conocer a los vecinos y recibir golpes. Todo muy digno de ver.


Una vez que pasa todo esto el hermano (o Harry Potter Jr.) empieza sospechar que su hermana no está bien de la chola y la trata con recelo. El troll, que es muy cabrón, se dedica a acojonar al chiquillo quien a estas alturas debemos decir que es el chaval de "La historia Interminable", que se ve que le gusta codearse con criaturicas ochenteras. Los vecinos van cayendo en las redes de Torok uno a uno, transformandose en capullos. Osea, no me malinterpretéis. Capullos son todos en esta película, me refiero a que el troll los pincha con un anillo mágico de caja de cereales y se transforman en una especie de crisálidas, o capullos o pepinos peludos gigantes. Pero el caso es que después hacen pop, y brotan de su interior un montón de plantas y trolls. Y a esos trolls les da por cantar, toma ya.

A este ya se le está poniendo cara de pepino gigante.

El mozuelo se dedica a ver que trama su hermana con tanta visita vecinal intempestiva, y va a parar al piso de la bruja. No sabemos bien el porqué, pero el guionista pensó que una buena forma de iniciar la relación entre el joven y la bruja era el siguiente diálogo:

"- Hola, estoy buscando a mi hermana, ¿está aquí?
 - Pues no, aquí no está.
 - Ah vale, pues... ¿puedo entrar a vomitar a su cuarto de baño?
 - Claro hombre, faltaría más"

Olé, olé y olé. Señoría, nada más que añadir.


El caso es que una vez se alían el chico y la bruja (y la inútil seta que parece que canta y habla pero en realidad es más inútil que un pisapapeles), hay que derrotar al troll con lanzas y otras armas medievales que toda señora tiene en su casa. Pero antes de llegar al desenlace, tenemos que volver a Harry Bético Potter. Al igual que en muchas otras películas, los padres del niño protagonista tienen por regla general no hacerle ni puto caso al vástago hasta que ya es demasiado tarde y se han merendado hasta al cartero. Ésta no es una excepción, así que mientras el muchacho investiga, Harry Potter Senior se pone un discazo de rock y empieza a bailar en el salón como un drogadicto degenerado. Bravo.

Al final todo sale bien para los Potter: no se comen a nadie, la niña es rescatada y la gorra del Betis queda intacta. En cuanto a los vecinos... bueno, a los vecinos que les den.

Mientras se haya salvado la gorrilla del betis, todo lo demás no importa.

Ya sabemos que "Troll 2" ni es segunda parte, ni tiene trolls, ni ná de ná. Pero de algún sitio tenía que venir eso de cascarle un 2 al título con dos cojones y un palito. Esta cinta ochentera es la culpable involuntaria de la gran parida que ya comentamos AQUÍ, pero quien ha visto ambas películas sabe que se parecen tanto entre sí como el Michael Jackson joven y el Michael Jackson adulto. Tendrán el mismo nombre, pero no nos intentes colar que son lo mismo.

Pero resumiendo, si te va el cine ochentero tipo gremlins o critters, esta película no puede faltar en los archivos de tu mente. Y viva er Betis!!

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